La parrilla es un símbolo de vacaciones, descanso y reuniones al aire libre. Este método de cocción, uno de los más antiguos, fomenta la convivencia y el disfrute de los alimentos en grupo. Generalmente, los ingredientes más comunes en la parrilla son carnes de res, cerdo, aves y pescados, todos ellos ricos en proteínas. A muchos les encanta el sabor y la textura crujiente de las carnes doradas, pero pocas personas saben que los alimentos quemados pueden ser perjudiciales para la salud. De hecho, la parrilla es una de las técnicas de cocción menos recomendadas en términos nutricionales. Durante el proceso, la grasa que se desprende cae sobre el combustible, generando humo con compuestos que han sido identificados como dañinos.
Para minimizar estos riesgos, lo ideal es cocinar cuando las brasas estén blancas y sin llamas. Es recomendable evitar el uso de pastillas o líquidos inflamables para encender el fuego, ya que sus químicos pueden impregnar los alimentos. Opta por cortes magros de carne y, si alguna parte se quema, retírala antes de consumirla. Una estrategia eficaz es precocinar la carne en el horno o en agua y luego darle un toque final en la parrilla para obtener su característico sabor ahumado. También es aconsejable colocar la parrilla lo más alto posible para reducir la exposición directa al calor intenso.











